Cine

(RE)VISIONES de nuestra historia, un ciclo de cine que reflexiona sobre cómo el cine ha abordado de distintas maneras nuestro pasado

08 de Abril de 2021

Escrito por Juan Solís, Maestro y Doctor en Historia del Arte por la UNAM.

Las noticias que tenemos acerca del periodo así llamado de la Conquista, que marca el tránsito de la época prehispánica (la de los grandes imperios mesoamericanos como el mexica, el maya, el purépecha, entre otros), a la época novohispana (los tres siglos de dominio español en el territorio que hoy ocupa México), nos han llegado a través de fuentes diversas.

Las crónicas de militares, como las Cartas de relación de Hernán Cortés o la monumental Crónica de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, ofrecen una visión casi periodística (en el sentido moderno del término), de las alianzas, resistencias y batallas que culminaron con la toma de la ciudad de Tenochtitlán por parte de los hombres comandados por el capitán castellano.

Tocaría a misioneros como el franciscano Fray Bernardino de Sahagún reconstruir los hechos a partir de informantes indígenas, específicamente en el duodécimo tomo de su enciclopédica Historia General de las Cosas de la Nueva España.

Ya en el siglo XX, el doctor Miguel León Portilla haría una revisión minuciosa de la historiografía colonial para armar el relato coral La visión de los vencidos, una crónica de la conquista desde la perspectiva de los derrotados.

Las fuentes históricas ofrecen un panorama rico, pero incompleto, de aquel episodio sangriento. Los huecos que no llenó la literatura, los tomó a su cargo el cinematógrafo, artefacto que llegó a tierras mexicanas en 1896.

A lo largo de más de cien años de historia, el cine mexicano ha intentado representar no sólo el pasado prehispánico o el novohispano, también se ha dado a la tarea de contar, con sus propios recursos, con su particular discurso, las jornadas bélicas que culminaron el 13 de agosto de 1521 con la caída de Tenochtitlán.

La conquista es observada en la pantalla por los espectadores, pero antes, el director, a través de la cámara, observa y registra la reconstrucción del episodio. El cine es una máquina que ve, o bien:  que construye una mirada. El cine gesta visiones.

Entre todas las visiones cinematográficas que en México se han “fabricado” sobre la Conquista, se han elegido cinco que dan cuenta de ángulos diversos y polimorfos. Cinco emplazamientos, cinco fábulas cinematográficas que abrevan en fuentes históricas.

El título del ciclo, (re)visones, alude a un sentido doble: revisión, en tanto acción de revisar, es decir: ver con atención y cuidado (de acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española); pero también como una visión repetida, una segunda ojeada a lo ya visto. Las películas elegidas son re-visiones que intentan revisar la Conquista.

El ciclo cuenta con la mítica película Cabeza de Vaca, coproducción México-España dirigida en 1990 por el cineasta Nicolás Echevarría. Con un espléndido guion de Guillermo Shéridan, basado en los Diarios, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, la cinta narra el periplo de Cabeza de Vaca, tesorero de Carlos I de España,  quien en 1527 se embarca en la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida, la cual naufraga en las costas de Louisiana. La cinta es una (re)visión inversa del encuentro entre extraños: Álvar y los nativos americanos. El rechazo violento deviene inclusión espiritual, la imposición se transforma en adaptación. Cuando se reencuentre con sus pares, el cautivo será (el) otro.

Una (re)visión orográfica de la expedición previa a la Conquista es la que propone Epitafio, película dirigida en 2015 por Yulene Olaizola y Rubén Imaz. La cámara expone un obstáculo ineludible para la expedición de Cortés a Tenochtitlán: la agestre orografía que hay entre el Golfo de México y el Altiplano. Con la finalidad de encontrar un paso para llegar a la ciudad mexica, tres conquistadores españoles marchan hacia la cima del volcán Popocatépetl, de más de 5400 metros de altura. El registro íntimo del combate contra la naturaleza marca la tensión y el ritmo de esta película inaudita.

Una (re)visión de género sobre la defensa del territorio asediado por los conquistadores es la que expone la película Eréndira, ikikunari, dirigida en el 2006 por el cineasta Juan Mora Catlett. Basada en una leyenda, la película narra la historia de Eréndira, una joven indígena que en el siglo XVI capturó un caballo perdido, aprendió a montarlo y participó en la defensa del pueblo purépecha contra los conquistadores. La cinta ubica a la protagonista como una mujer que asume un papel activo en la guerra, en una época en que las mujeres no tenían participación en actividades bélicas.

Basada en una de las relaciones que dan cuenta de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, la película Tepeyac es una (re)visión conciliadora de la conquista espiritual. Filmada en 1917 por Fernando Sáyago, Carlos E. González y José Manuel Ramos, es una de las contadas películas mexicanas del periodo silente que se conservan íntegras. Como un milagro guadalupano podría considerarse su existencia y su reciente restauración digital, que permite apreciar a más de un siglo de su realización la historia que incluye imágenes documentales de la época y una curiosa representación de los esfuerzos hispanos por derrocar a los dioses y prácticas rituales mexicas.

Tepeyac abre una serie de películas que, en diversos momentos de la historia del cine nacional, han retomado las mariofanías, y entre éstas destaca La virgen que forjó una patria, una (re)visión nacionalista realizada por Julio Bracho en 1942. En ese año, México había declarado la guerra a los países del Eje luego del hundimiento de un par de buques. La exaltación del fervor nacionalista era política nacional. El panorama era ideal para la realización de una película que fusionara –retomando las posturas criollas– el orgullo por el pasado prehispánico, la devoción guadalupana y la mitificación de la Guerra de Independencia. El resultado es una cinta que, pese a su notable vocación patriótica, hace gala de una cinematografía excepcional comandada por el riguroso Julio Bracho y contando con la colaboración de Gabriel Figueroa detrás de la cámara.

Las (re)visiones que integran este ciclo no cancelan un discurso, por el contrario, abren nuevas maneras de mirar un pasado que, a 500 años de sucedido, aún es difícil de comprender, y siempre es posible revisar.

Si estás interesados en ver las películas del ciclo, puedes apuntarte aquí .

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